
Señora de la Nochebuena,
Señora del Silencio y de la Espera,
esta noche nos dará otra vez al Niño.
Velaremos contigo hasta que nazca:
en la pobreza plena, en la oración profunda,
en el deseo ardiente.
Cuando los ángeles canten
“Gloria a Dios en lo más alto de los cielos
y paz sobre la tierra a los hombres amados por él”,
se habrá prendido
una luz nueva en nuestras almas,
se habrá prendido una paz inmutable
en nuestros corazones,
y se habrán pintado
una alegría contagiosa en nuestros rostros.
Y nos volvemos a casa en silencio:
iluminando las tinieblas de la noche,
pacificando la nerviosidad de los hombres
y alegrando la tristeza de las cosas.
Después en casa,
celebraremos
Alrededo
nos sentamos los chicos y los grandes:
rezamos para agradecer,
conversaremos para comunicar,
comeremos el pan y las almendras que nos unen.
Afuera, el mundo seguirá tal como siempre.
Tinieblas que apenas quiebran
la palidez de las estrellas.
Angustias que apenas cubren
el silencio vacío de la noche.
Tristeza que apenas disimula
la lejana melodía de las serenatas.
En algún pueblo no habrá Nochebuena,
porque están en guerra.
En algún hogar no habrá Nochebuena
porque están divididos.
En algún corazón no habrá Nochebuena
porque está en pecado.
Señora de la Nochebuena,
Madre de
Causa de nuestra alegría,
que en mi corazón nazca, esta noche,
otra vez Jesús.
Pero para todos: para mi casa,
para mi pueblo, para mi patria,
para el mundo entero.
Y sobre todo, fundamentalmente,
que nazca otra vez Jesús
para gloria del Padre. AMEN.
Card. Eduardo Pironio
(La familia se reúne alrededor del pesebre y ponen en él la figura
del Niño que nace. Todos le dan un beso. Cantan y se desean la
paz y la felicidad de esta Navidad).

