Amado Señor,
Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya.
Inunda mi alma de espíritu y vida.
Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya.
Brilla a través de mí, y mora en mi de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma.
Haz que me miren y ya no me vean a mí sino solamente a ti, oh Señor.
Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí.
La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tu, quien ilumine a los demás a través de mí.
Permíteme pues alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean.
Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén.
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Acción de Gracias para después de la Comunión (Sto. Tomás de Aquino)
Te doy gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, porque, sin ningún mérito mío, sino por la sola condescendencia de tu misericordia te has dignado alimentarme, a mí, pecador e indigno siervo tuyo, con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
Te pido, Padre, que esta Santa Comunión no sea para mí, motivo de condenación sino intercesión salvadora de perdón.
Que sea armadura de mi fe, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios y extinción de la concupiscencia y de los deseos carnales.
Signifique también para mí un aumento de caridad y de paciencia, de humildad y de obediencia, y de todas las virtudes.
Que sea firme defensa contra las asechanzas de todos mis enemigos, visibles e invisibles, perfecto sosiego de mis inquietudes tanto carnales como espirituales; firme unión contigo, Dios, uno y verdadero, y consumación feliz de mi muerte.
Y te ruego te dignes llevarme a mí, pecador, a aquel banquete inefable del cielo, donde Tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus Santos, luz verdadera, satisfacción plena, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
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